Todas las cosas que existen en nuestro universo están sujetas a las leyes de la vida y la muerte. Donde quiera que miremos, vemos que la vida se mueve en ritmos y ciclos de reposo y actividad. Cuando una forma antigua “descansa” o desaparece, una nueva similar a ella o modificada y mejorada en forma, hace su aparición. Este fenómeno puede hallarse en todas partes, desde las exactas dimensiones cósmicas (nuevo sector de la investigación científicas) hasta las crestas de las “olas” y los “canales”existen en las vibraciones contenidas en toda la materia.
Esa incesante ida y venida puede observarse en nuestro entorno más inmediato. Cuando se desarrolla la flor, muere el capullo; cuando se desarrolla la fruta muere la flor; cuando surge una nueva planta muere la fruta.
Casi todas las culturas antiguas y las enseñanzas se refieren a la inmortalidad del alma y a que la conciencia sobrepasa la vida física. Según estas enseñanzas el cuerpo físico, es meramente la vasija mortal del espíritu y el alma.
Si el espíritu es algo que existe independientemente del cuerpo, la muerte no puede ser otra cosa que una transición hacia otra dimensión del Ser y la dimensión que sólo puede ver los ojos del alma.



